Cada 29 de agosto, Argentina celebra el Día del Árbol. En San Luis, la fecha pone el foco en las especies nativas y en sus aportes: regulan el agua, favorecen la infiltración, contribuyen a proteger los acuíferos, reducen la erosión, sostienen la biodiversidad y capturan carbono; en ciudades, además, moderan las temperaturas y disminuyen el efecto de isla de calor. Los ecosistemas provinciales, caracterizados principalmente por los biomas del Chaco Árido y Serrano, reúnen una riqueza forestal adaptada a la escasez hídrica y a lluvias irregulares.
Especies emblemáticas
En el sur de la provincia destaca el caldén (Neltuma caldenia), fundamental para la fauna y la protección de suelos semiáridos. En el monte y en los ambientes serranos, los algarrobos (Neltuma chilensis y Neltuma flexuosa) aportan sombra, refugio y enriquecen el suelo mediante la fijación de nitrógeno. El guayacán de Bajo de Véliz integra un patrimonio natural de alto valor. En zonas más áridas, el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco) ofrece estructura y sitio de anidación para aves. El espinillo o aromito (Vachellia caven) ilumina la primavera con su floración y actúa como pionero en la regeneración de suelos degradados. En laderas y quebradas, el molle de beber (Lithraea molleoides) ayuda a regular el agua y a prevenir la erosión.
Un símbolo en Merlo
En Villa de Merlo, el Algarrobo Abuelo se consolidó como ícono natural, cultural y turístico de la Sierra de los Comechingones. La obra de Antonio Esteban Agüero lo inmortalizó en versos —“Algarrobo, algarrobo abuelo, árbol de la tierra mía”— y lo proyectó como parte de la memoria colectiva de San Luis.
La conmemoración del 29 de agosto se originó en una iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento y quedó establecida en 1900 por el Consejo Nacional de Educación, con el propósito de promover la protección, conservación y plantación. En San Luis, proteger los árboles nativos es también preservar paisaje, agua, suelos, fauna y una identidad profundamente ligada a su flora.

