El II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase se realizó durante dos jornadas en Villa de Merlo, con organización de la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), y reunió a especialistas, investigadores, organismos públicos y referentes de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá. El eje común fue pasar del enfoque centrado en la emergencia a una estrategia sostenida de prevención, planificación y trabajo con las comunidades.
De la respuesta a la prevención
“La universidad pública también debe tender puentes: puentes entre la ciencia y la comunidad, entre el conocimiento y las políticas públicas, entre las distintas disciplinas, entre generaciones”, planteó la rectora de la UNLC, Agustina Rodríguez Saá. Desde Córdoba, Diego Farías sintetizó la idea de anticipación: es necesario “hablar de fuego cuando el fuego no está”. Sofía Sánchez remarcó que “la prevención no empieza cuando ya está el fuego, sino que se construye desde mucho antes”. Para Marcelo Alfredo Rey, “si no tenemos la capacidad de llegar a la comunidad, toda política pública va a ser insuficiente”. Y Gustavo Romero resumió: “No queremos solamente comunidades protegidas, queremos comunidades preparadas, organizadas y protagonistas”.
Territorio, planificación y protección civil
El investigador Juan Rivera advirtió que los incendios son hoy “dos veces y media” más probables y con mayor intensidad que en el pasado. Desde Portugal, Emanuel Oliveira propuso “ser gestores del paisaje y no gestores de fuego”. Nadia Iasich señaló que los mayores riesgos de interfase coinciden con barrios populares y nuevos proyectos inmobiliarios. El español David Caballero subrayó que, cuando el fuego alcanza población dispersa, “ya no son problemas de incendios forestales”, sino de protección civil. En la preparación domiciliaria, la canadiense Anabela Bonada destacó el enfoque Helping homeowners help themselves: “Es ayudar al dueño de vivienda a ayudarse a sí mismo”.
Ciencia aplicada y trabajo entre jurisdicciones
Miguel Méndez Garabetti remarcó: “La incertidumbre […] siempre va a existir […] lo que tratamos de hacer es poder cuantificarla”. Diego Ricardo Bros enfatizó el rol del combustible: “El 80-85% de la predicción del comportamiento del fuego depende del combustible”. Para María Inés Campos, el puente entre conocimiento y decisiones “se rompe en muchos lugares”. La formación también estuvo presente: “cada egresado […] representa una nueva capacidad instalada”, dijo Carina Ré.
La cooperación fue otro eje. “El fuego no reconoce los límites políticos. ¿Qué mejor que protegerme con mi vecino y con mis vecinos?”, planteó el uruguayo Rafael Sosa. Silvia Calvani propuso avanzar “desde un sistema fragmentado y centrado en la emergencia a una transición hacia una gobernanza comunitaria”. Josefina Bordino sostuvo que “los saberes y la participación del territorio son clave para una gestión del riesgo”. Adriana Serquis afirmó que “el Estado tiene que estar presente para poder continuar con la planificación”. Y desde Chile, Francisco Aruta Matsen invitó a revisar supuestos: “¿Sucede un incendio porque falló la prevención? […] todavía no conocemos la enfermedad y vamos a empezar a hacer prevención”.

