Miguel Jerónimo Brito, veterano de Malvinas nacido en Villa Larca y radicado nuevamente en su pueblo, tuvo tres oportunidades de quedar fuera del frente, pero insistió en viajar en lugar de otros soldados. Su experiencia en las islas y el esfuerzo por hablar de la guerra forman parte del legado que transmite a su hijo y a su nieto.
De chico se mudó con su familia a Buenos Aires y creció en La Matanza. A los 18 años le tocó hacer el servicio militar obligatorio. Comenzó la instrucción el 20 de marzo de 1982 en el Instituto de Formación Ezeiza y llegó a Malvinas el 11 de abril. Según recuerda, antes de partir apenas había disparado tres veces con un FAL y no sabía cómo era una granada.
En el Regimiento 3 de La Tablada le asignaron inicialmente el puesto de Tirador 1, pero un superior le ordenó entregar su equipo a otro conscripto. Brito decidió ocupar el lugar de un compañero que lloraba porque tenía a su novia embarazada y no quería ir. La situación se repitió con otro soldado, hasta que, ante un tercer intento de retirarle el uniforme, insistió en permanecer entre quienes viajarían.
En las islas, su grupo tomó posición entre Sapper Hill y Monte William. Allí cavaron trincheras y un pozo para la ametralladora MAG de la que era auxiliar. Desde el 1° de mayo soportaron bombardeos y fuego enemigo. El hambre, el frío y el agua en las posiciones acompañaron las conversaciones sobre las municiones y los planes para el regreso.
Uno de sus compañeros, de apellido Soria, le había contado que al volver prepararía un postre en una lata de dulce de batata, como hacían sus padres panaderos. Murió en combate. “Me llevó siete años recuperarme”, recordó Brito, quien destacó la ayuda de su madre y de su esposa para atravesar ese dolor.
Tras el cese al fuego, recibió la orden de replegarse hacia el aeropuerto y luego de entregar las armas. Pasó varios días como prisionero y fue trasladado a Puerto Madryn en el buque SS Canberra. El regreso también abrió un proceso difícil: con el apoyo de su familia y, más adelante, de otros veteranos con quienes comenzó a formar un centro, pudo hablar de lo vivido.
Brito volvió a Villa Larca con su familia y vive junto a su esposa cerca de las sierras. Compartir tanto los momentos de compañerismo como las penurias de la guerra es su manera de mantener la memoria de Malvinas. “Que Malvinas es parte de nuestra tierra, parte nuestra, y que nosotros somos parte de Malvinas”, expresó al explicar lo que les transmite a su hijo y a su nieto.

