Rubén Oscar Godoy tenía apenas 16 años cuando decidió seguir su vocación e ingresar a la Escuela de Suboficiales de la Armada Argentina. Dos años después, perdió la vida en el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, durante la Guerra de Malvinas. Su historia sigue viva en la memoria colectiva de Cortaderas, San Luis, y en el corazón de su familia, que aún lo espera y honra su recuerdo.
Nacido el 25 de diciembre de 1963, Rubén creció en un hogar humilde. Su hermano Alejandro lo recuerda como un joven activo, solidario y entusiasta, que desde chico sentía admiración por las Fuerzas Armadas. A los 13 años ya había decidido que quería servir a la Patria, lo que lo llevó a incorporarse a la Armada antes de cumplir la mayoría de edad.
En abril de 1982, con el rango de cabo segundo, fue asignado al crucero General Belgrano, que fue atacado y hundido por la flota británica el 2 de mayo de ese año, a las 16:50, con más de mil tripulantes a bordo. La noticia golpeó a su familia con dolor e incertidumbre. Durante semanas mantuvieron la esperanza de que estuviera entre los sobrevivientes, pero el tiempo confirmó su desaparición.
En 2007, un monumento fue inaugurado frente a la casa de su madre, Ramona, donde cada año se lo homenajea. A sus 82 años, ella confiesa que aún lo sueña, a veces herido, y que nunca dejó de esperarlo. “Siempre va a seguir en mi corazón”, dice entre lágrimas.
El legado de Rubén también continúa en las nuevas generaciones. Una de sus hermanas, Mónica, tuvo un hijo al que llamó Rubén, nacido un 2 de abril —día del inicio de la guerra— y con una marca de nacimiento en forma de las Islas Malvinas, un símbolo que la familia interpreta como una señal de que el recuerdo de “Rulito” permanece presente.